La vinificación

Vinificación

 

En bodega, la uva es sometida a una suave y prolongada presión para liberar la pulpa sin extraer flavonoides del hollejo ni enriquecer el mosto con alcoholes y aldehídos de seis carbonos, que aportarían al vino astringencia y sabores herbáceos

 

A continuación, el mosto permanece en desfangado estático a baja temperatura hasta alcanzar los niveles (entorno a 80 NTU) de turbidez necesarios para conseguir en la fermentación alcohólica un mayor nivel de ésteres etílicos de los ácidos grasos, un aumento de acetatos de alcoholes superiores y una disminución de alcoholes superiores, lo que hará que los aromas del vino sean más nítidos y delicados.

 

Posteriormente el mosto se separa de los fangos y se siembra el pie de cuba con las levaduras autóctonas que lo transformarán en vino.

Que el mosto fermente con levaduras autóctonas significa tener que aumentar la vigilancia y los cuidados durante el proceso de fermentación, pero a cambio el vino tendrá una nota que lo distinguirá de aquellos que son fermentados con la misma cepa de levadura comercial.

 

 

Crianza sobre lías con "batonnage" todas las semanas

 

Finalizada la fermentación alcohólica, se trasiega el vino, se separan las lías finas de las gruesas y se aportan las primeras al vino, para iniciar su crianza.

Durante meses el mosto será criado sobre lías realizando “batonnage” una o dos veces por semana. Esta crianza laboriosa, que exige el saber de personas experimentadas, favorecerá la aparición de aminoácidos y de ésteres aromáticos en el vino, lo hará más rico en polisacáridos, hará que los aromas sean más nítidos y lo protegerá de oxidaciones.

 

Concluida la crianza con “batonnage”, el vino se separa de lías, permanece tranquilo en la cuba 8 meses y 6 meses en botella antes de proceder a su comercialización.

 

Un proceso tan complejo y cuidado tiene como fin hacer un vino que refleje todo el potencial de las uvas y que lo guarde en el tiempo.